lunes, 12 de octubre de 2026

1879 Estanislao Zeballos, Capítulo XVII "Bahía Blanca", en su Viaje al país de los araucanos (Bs As., 1881)

 


OLASCOAGA, Plano Territorio de la Pampa y Río Negro (1880)




- ZEBALLOS, Estanislao, Viaje al país de los araucanos [1879]. Capitulo XVII: Bahía Blanca, Peuser, Bs As, 1881.

- La seleccion que vamos a leer, acá

Uno de los compañeros de viaje de Zeballos es el joven fotógrafo suizo, Arthuro Mathile. De su colección, disponible en el sitio del Museo Regional de Choele- Choel hemos tomado estas imágenes de Bahia Blanca:












Coleccion Zeballos. Fotografo: Arturo Mathile.
Estanislao Zeballos publica en 1881 el libro "Viaje al país de los araucanos", la crónica del recorrido que realizó una vez finalizada la campaña de Roca. El libro, inserto en la tradición de la literatura de viajes, está ilustrado con grabados realizados sobre la base de fotografías que tomó un joven fotógrafo de origen suizo, Arturo Mathile, durante la expedición, ya que debido a las condiciones técnicas todavía no era posible reproducir las fotografías en forma industrial en los
libros. Mathile había llegado a la Argentina hacia 1860 cuando era niño. Su padre era fotógrafo y a edad temprana lo inició en la profesión. Trabajó con Walter Bradley, con quien viajó por el país y quien lo recomendó con Zeballos para acompañarlo en su viaje. A su regreso instaló su estudio en la ciudad de Chascomús, provincia de Buenos Aires" (Inés Yujnovsky, 2008).

Las imagenes están digitalizadas en la página del Museo Regional de Choele Choel (http://museochoelechoel.org/1880-viaje_al_rio_negro/) y 5 de ellas corresponden a Bahía Blanca.

El articulo de Inés Yujnovsky, "La conquista visual de los araucanos" (2008) se puede descargar acá
Esta misma autora publicó el libro Viajeros a la sombra de Darwin. Fotografías de la Patagonia a fines del siglo XIX, Arte x Arte, 2021.


Qué dice Zeballos sobre Mathile:

p. 11: La fotografia iba á cargo del joven argentino Arturo Mathile, dependiente de uno de los principales estudios fotográficos de Buenos Aires, Casa de los señores Bradley y Compañía.

p. 38: Mi equipaje ó pequeño convoy marchaba en carro, custodiado por el teniente Zeballos y el pobre fotógrafo, gran maturrango, que iba á hacer en tres dias 64 leguas á caballo y en mula.

p. 42: mi fotógrafo, hombrecito preciso y que empezaba á darse tono, penetrado del papel que le estaba reservado.

p. 50: Los viageros preguntaban en una casa por el Dr. Zeballos, cuando llegué á ellos : era el teniente Zeballos que me traia al fotógrafo mártir. ¡ Y la jornada no habia sido mas que de diez leguas, que es la distancia que separa al Azul de Olavarria !-Señor, me dijo el fotógrafo con la cara mas angustiosa del mundo, juro á Vd. no volver á montar mula en mi vida...... El fotógrafo pa recia el mas estropeado prisionero de guerra. ¡ Qué montura, qué hara pos de jergas, y qué guasquitas en las riendas! El Teniente Zeballos, por el contrario, venia tan grave y callado como de ordinario. Fué dificil arrancarle una frase y esa fué para decir ¡ que las mulitas eran soberbias !-Reconciliese con las mulas Dn. Arturo, dije al fotógrafo, por que tendremos que andar trescientas leguas en su hospitalario lomo....... A las 5 saldré yo para las Sierras Bayas á la 8 y 30 estaré de regreso y Vd. habrá preparado la cámara oscura y la máquina para tomar las vistas. El fotografo me miró un instante. Todo se hará como Vd. lo ordena....... y lanzando un hondo suspiro agregó.... ¡ trescientas leguas en mula!

p. 64: La guarnicion del fortin compuesta de un indio y un guarda-hilos comía caballo ! Qué perspectiva para cuando me hallara fuera de Carahué ! El fotógrafo temblaba. No tenia mas vicio que un apetito pasmoso!

p. 125-126: Llevar una fotografia con todo su material y sales y líquidos embo tellados á lomo de mula, y de mula patria, bellaca, traidora, mañera, caprichosa ó chúcara, no es obra de soplar y hacer botellas. Necesitaba llevar un àrrea de seis aparejos (seis bestias cargadas) y fué menester preparar cajones adecuados para defender los aparatos de las coces de las mulas, de los golpes, de las reatas y de las cangallas. (¹).

p. 188; Don Arturo, mi buen fotógrafo, para quien es poca alimentacion en campaña la racion de cuatro hombres, ha tenido hoy que hacer con el calden Adolfo Alsina. Ha querido retratarnos al pié de sus ramas.



p 209:  "y el fotógrafo Mathile, cuya campaña es un martirologio conmovedor. Estropeado por el caballos por las mulas, por los mosquitos, por el sol, por el hambre y por los contínuos sobresaltos, este viaje es para él una via crucis; pero la fotografías son con todo escelentes.

p.244
 Yo quedaba con ocho tiradores y cinco indios y los oficiales y el fotógrafo, cuyas carnes flageladas por el sol y las espinas le daban el as pecto de un prisionero ó de un mártir. 

p. 246: Íbamos descendiendo visiblemente y ganamos el primer valle á las 8 de la noche, engolfándonos en un cajón amurallado por altas cadenas graníticas. 1 Bendito sea Dios ! ... gritaba Mathile molido, deshecho, amoratado ! ... Un pasto encantador, aunque seco, en que los tallos subían á un metro de altura, no era suficiente para contener las tropillas, que corrian desbocadas por el valle en busca de agua, sin obedecer al grito de los caballerizos.

p.333: El viento Oeste del 22 acentuó la baja del barómetro y á las 4 y 10 quedamos envueltos en el seno de una nube rojiza, de tal manera densa, que no nos distinguíamos á dos metros. El viento bramaba impetuosísimo, levantando además de las arenas, piedras hasta del tamaño de un huevo que nos herían. El fotógrafo Mathile, á quien el pampero sorprendió á caballo y en el monte, tenia las piernas ensangrentadas. Fue imposible permanecer de pié y nos veíamos obligados á echarnos de barriga, envuelta la cabeza en ponchos y presentándola al viento. Yo había asegurado un cajón en el tronco de un árbol y allí tenia mis instrumentos meteorológicos. Cuando el espantoso huracán calmaba un instante, nos enderezábamos y caían el polvo y las piedrecillas de nuestros cuerpos como si surgiéramos del seno de un medanito. Poco tardaba el pampero en enfurecerse y volvíamos á envolvernos pegándonos al suelo.


p.359: Nuestro estado era mísero. Imagínese fácilmente la situación de quien marcha todo un día y una noche, bajo frio temporal de agua y viento. Mathile me rogó con timidez que pasáramos el día en la Cabeza del Buey; pero yo tenia serias razones para cumplir el programa y por toda respuesta me diriji al trompa de órdenes diciéndole:-A caballo y marcha .... Y seguimos el triqui-traque de las mulitas que no dejábamos de mano. hacía veintiséis horas. Empleamos cerca de doce horas en llegar á Bahía Blanca, porque nos metimos en la grande y pantanosa salina del oeste de la bahía, que mide algunas leguas superficiales y dimos inmensos rodeos.

Quién era Pancho Francisco, Carriqueo, su nombre proprio.

p. 125-126: Llevar una fotografía con todo su material y sales y líquidos embotellados á lomo de mula, y de mula patria, bellaca, traidora, mañera, caprichosa ó chúcara, no es obra de soplar y hacer botellas. Necesitaba llevar un àrrea de seis aparejos (seis bestias cargadas) y fué menester preparar cajones adecuados para defender los aparatos de las coces de las mulas, de los golpes, de las reatas y de las cangallas. (¹). 

Arreglaba yo las cajas de instrumentos cuando mi ayudante se cuadró en frente del Coronel Levalle y dijo :-Aquí viene Pancho Francisco. 

Todos levantamos la vista con singular curiosidad, y el coronel exclamó:
-- Doctor, la falta de vaqueano ha sido salvada. Aqui tiene Vd. su guía, que conoce el Desierto como la palma de su mano. Eh! Pancho Francisco, agregó, saluda al Doctor. 

Habia entrado un indio araucano puro, de hermosísimo tipo, cráneo envidiable para un museo, fisonomía del todo salvage. Apenas hacia seis meses que había dejado el toldo y se hallaba en Carahué prisionero. Entró, se detuvo en la puerta con los ojos clavados en el suelo; avanzó después de la indicación de Levalle á darme la mano, y sin levantar del piso la mirada, dijo:

- Cumele caimi chiñor- Inché picunche cuñifal . Ni Eluvun mari pesu. (Como está señor- Yo soy un indio picunche muy pobre. Deme diez pesos) 

Dile lo que pedia, desplegué mi mapa y al abrir el mayor de los compaces de la caja, el indio dió un salto y levantó la mirada de los ladrillos. No quiso acercarse. Al mostrarle el mapa, indicándole parajes y pidiéndole distancias, me replicaba de lejos que el mapa mentia, y señalando en el suelo con el dedo, me trazó el suyo hablando en su lengua. Traduzco :

- Aquí Norte, aquí Sur, aquí Oeste, aquí Este, marcando luego el rumbo en que se hallaban los lugares, agregaba: Aquí tal punto, aquí tal otro . . . . 

El mapa era, pues, inútil. Era forzoso confiarse en el bárbaro prisionero y yo resolví entregarme á él, preparándome á amansar al salvage. Me llevarás, le dije, al cerro Payen, pasando por Urrelavquen. 
- Pu mapú, pu mapú, contestó con una tonada de exageración (muy lejos ... muy lejos-muy tierra adentro. . . . muy tierra adentro).

-Pero iremos, á pesar de eso, le dije. 
Y sin levantar la cabeza me contestó : 
...-May (está bueno)- Chumúl tripan inchin?-(¿Cuando marchamos?) 

Mañana al aclarar.-May, volvió á contestar y salió, amacándose de derecha á izquierda, porque todos estos indios son patizambos á consecuencia de su constante ejercicio sobre el caballo.


p.134: El vaqueano es la brujula en este oceáno de tierra. 

p.169-170 El lamento de Pancho Francisco.

"La noche del 30, dospues de la tormenta, llamó mi atencion el eco melodioso de una especio de lamentacion cantada. Una melodía profun damente triste, de un sabor musical para mi desconocido y que producia sensaciones estrañas, interrumpia el silencio de la soledad que nos rodeaba. 

No habia duda de que alguien cantaba ; pero sus cantares parecían mas bien suspiros de una alma profundamente dolorida, que las tonadas alegres con que el hombre feliz recuerda el amor y la esperanza. 

Pancho Francisco entretenía el fogón de los indios. Todos lo escuchaban silenciosos y pensativos ; y yo mismo estaba impresionado tristemente. por el sentimentalismo y la unción misteriosa del cantar araucano. El indio recordaba los hogares abandonados, la mujer cautiva, los hijos. esclavos, los campos quemados, su libertad perdida y tal vez derramaba lágrimas al invocar el terrible infortunio de su raza. 

Acerquéme cautelosamente al fogón de los araucanos. La lamentación cesó, como si una voz profana hubiera mezclado irrespetuosamente sus ecos á los himnos que el bárbaro consagraba á la Patria, á la Familia, á la Naturaleza y á su perdida Independencia. 

Ya no decía como antes sus patrióticas congojas. Por el contrario, dirijiéndose á mi, Pancho Francisco cantó con aire placentero esta copla improvisada: 

            Vey ñi amon, eyú hunicá
             Mamuel Mapú, ayuvin mapú
             Pegelmen chi Quethré Huitrhú
            Cheu inché nientun rucá

He aquí su interpretación:
            
            Ya me voy con el Cristiano
            al país de las arboledas
            tierra amada
            Volveré a ver arruinada
            cerca de Quethré Huithrú
              ay! mi casa! 


p, 210: Pancho Francisco es ya un buen amigo. Refresca su garganta en mi damajuana de caña y no teme las supercherias del cristiano. Si se esceptúa el hondo desagrado, mezcla de supersticion y de horror, con que mira las escavaciones de sepulturas araucanas, no hay motivos entre no sotros, sino para estrechar intimamente la amistad

p. 224: Marchamos al salir el sol; pero sentiamos una dificultad. Pancho Francisco no era vaqueano, de las direcciones que yo me proponia seguir. Criado en Chile sobre las fronteras de Valdivia, emigrado mas tarde al país de los pinares, sobre las grietadas barrancas graníticas de los rios Agrio y Neuquen, Pancho Francisco pasó pronto al territorio cen tral, poniéndose así á pocas jornadas de las vacas de Buenos Aires, de Santa-Fé, de Córdoba y de San Luis. Conocia las sendas de los Andes y del territorio central hasta Lihué Calel, como las arrugas de su propia mano ; pero no habiendo vacas, ni compradores de ellas, en Urre Lavquen, jamás habia visto sus aguas el célebre vaqueano Carriqueo

p. 261: Los indios, inclusive Pancho Francisco, venian de muy mala gana, impresionados por el espectáculo del campo del combate, y sobre todo, mirándome con desconfianza supersticiosa, porque llevaba en mi alforja el cráneo de Gerenal. No consideraron sin horror mis escur siones á los cementerios de Chilhué ; pero ahora, cuando veian el cráneo con carne y pelo del cacique, sentian algo extraordinario y temian un suceso sobrenatural.

p. 267: El charqui era llevado á los tientos, es decir, estaba impregnado en el sudor de los caballos, y mi estómago se resistia á este alimento ; pero no tenia otro á la mano y en todo el santo dia, como decimos en el campo, no habia probado bocado. Pancho Francisco, que se im ponia de todo esto, se acercó al fogon con una bolsa que traia á los tientos y dándomela dijo tiernamente y sonriéndose :-Chiñor, pobre dotor, inché gaucho indio, con cuya frase me queria decir :-Señor, usted es un infeliz, indefenso, sin recursos é imprevisor; y yo soy un indio gaucho, es decir, vivo, precavido, sagaz y astuto, que todo eso significa la voz gaucho pospuesta al sustantivo hombre ó indio, pasando por eso mismo á desempeñar funciones de adjetivo. ¿Qué contenia la bolsa dada con este breve pero muy espresivo dis curso? Un piche (Dasipus minutus) asado, que Pancho Francisco traia desde Lihue Calel, con el único objeto de socorrerme, en caso necesario, dándome al propio tiempo una prueba de fidelidad y de cariño

p. 374; Pero sí el viage estaba terminado no lo estaba sin el sacrificio de una existencia querida. El telégrafo de Carahué me anunció la triste nueva Una fiebre violenta habia acometido apenas llegado al valeroso é inteligente índio Pancho Francisco, cuyas fatigas fueron mayores quelas nuestras, y dos dias despues, mientras yo compartia en el Azul las alegrias del banquete, expiraba en su toldo triste, uno de los famosos vaqueanos araucanos de la Tierra Adentro, el que guió frecuentemente las tropas de Levalle á la victoria, el indio generoso que me alimentó y condujo en los desiertos con la lealtad de un amigo, y la sagacidad de un piloto.


Citas literarias

p.39 de La Araucana, de Alonso de Ercilla y Zúñiga

viendo de aquel varon la valentía 
El ser gallardo y el feroz semblante, 
su proporción y miembros de gigante



p. 124: Los indios eran indispensables para realizar mi plan de descubrimiento; pero la fuga de Levalle demostraba tambien que eran un peligro. ¿Podia prescindir de ellos? Mi espíritu empezaba á temer. Yo co nocia las empresas de este género por su lado poético y glorioso;la prosa y la realidad empezaban á señalarme el reverso de la medalla.

p. 127: ¿Cómo dormir la víspera de tomar una arma para separarse de la familia, de la Patria y de la Civilizacion, para desaparecer tragado por las brumas pavorosas de una de las regiones mas salvages del planeta, tal vez para dormir en ella el mas largo de los sueños con la mortaja, del pioneer de la civilizacion, ó para reaparecer á los meses sobre lejanos confines, como los poetas viajeros á los infiernos en su regreso á la luz ?

p. 158: antes de llegar a Salinas Grandes

Hácia los confines de Oriente avanzaba la luz bienhechora, como la reaccion de la vida que triunfa gradualmente de las acechanzas de la muerte en la naturaleza lánguida y enferma. Era el momento sublime de transicion entre las tinieblas y el dia, de que el poeta italiano ha dicho: 
L'alba vinceva l'ora mattutina 
Che fuggia innanzi, si che di lontano, 
Conobbi il tremolar della marina. ... 

La claridad habia derramado sus rayos sobre este proceloso mar de arenas, coronadas de pastos, como las olas del Atlántico de espumas, y soportaban los hombres y las bestias nuevos asaltos de la sabandija, que trasforman esta comarca en verdadero Purgatorio.

p. 176
No podia conciliar el primer sueño y permanecia atento al espectáculo del cuadro natural, envuelto en la luz azulada de esta noche. Hubiera podido describirlo diciendo con Lope de Vega : Callaba el bosque ya, callaba el viento Que solo entre los céspedes bullia, Y el agua con respeto el claro acento De su voz en si misma detenia. Pero no habria dicho verdad, por que, como las piruetas del bufon del rey Lear, en medio de las tempestades del cielo y del alma, el cotorreo de millares de loros, refujiados sobre las copas de los árboles, interrumpia grotescamente la magestad augusta de la escena 

p. 207
 Al agradecerle su actividad me dijo :-Yo tambien he pasado miserias por aquí! sentimiento piadoso que puso en mis lábios los dulces versos de Virgilio
Et non ignara malis 
misere sucurrere disco

p.225
Contemplo con encanto estas ruinas de la primitiva civilizacion. Estoy en frente de los orígenes de la Humanidad. Me parece que al abrir las sepulturas que guardan los muertos de cada una de las tolderías, porque al lado de cada una hay un cementerio, levanto las toscas piedras de los sepulcros celtas, que penetro en los dolmenes de la primitiva Nor mandía y que remuevo la tierra sangrienta de los túmulos coronados de árboles, como aquel hollado por Eneas, de donde partía el quejumbroso acento de Polydoro. 
Quid miserum, Ænea, laceras? 
Heu! fuge crudeles terras, fuge littus avarium. 
Nan Polydorus ego : hic confixum ferrea texit 
Telorun seges et jaculis increvit acutis

p. 248
Fogatas, tiros, gritos, todo habia sido estéril. Ni una luz, ni un estam pido, ni un éco habia respondido á nuestras angustias durante toda aquella noche que parecia interminable. La luz vino á derramar la vida en las tinieblas y pude decir con el poeta : 
Allor fu la paura un poco quetta 
Che nel lago del cuor mi era durata!

p. 251
Tales son las salidas de los valles que ocupo, oásis bellísimo, especie de campos eliseos, alcanzados despues de peregrinar en las regiones del País del Diablo de los conquistadores, y de los cuales puede apropia damente decirse con el insigne poeta: 
Ciò ch'io vedeva, mi sembrava un riso 
Dell' universo (1)...... 

(1) Dante Del Paradiso, canto XXVII. 


El "museo" de Zeballos

p. 118 [En Guaminí]
Dirijióme á visitar los cementerios indigenas, de los cuales obtuve importantes colec ciones de cráneos araucanos, debido á la buena voluntad del capitan Arriola segundo gefe de Guaminí. Estas reliquias indigenas tienen tanto mas valor para el antropólogo, cuanto es evidente que el tipo puro de la raza araucana se perdia en nuestro pais por el cruzamiento con los blancos, que por delitos comunes y militares, ganaban los toldos del bárbaro, y con los numorosísimos cau tivos arrebatados por el indio en los cultivados campos. Cincuenta cráneos extraidos de los cementerios araucanos de Guamini y que están agregados á mi Museo, fueron cuidadosamente elejidos, y son tipos cuyas formas acusan plenamente la pureza primitiva que buscaba.


p. 181
Eran las 12 a. m. de un dia abrasador. Habiamos acampado entre el monte, á la sombra de los caldenes, y mientras hervia el puchero de yegua, resolvi escursionar á los médanos, en busca de las sepulturas araucanas. Con tres soldados salí, en efecto, abrumado de calor, para internarme en el revuelto mar de arenas, que se estiende al Norte del Sauce, limi tando el valle. El teniente Bustamante no veia con agrado mi empresa contra los muertos y, sin atreverse á censurarla con franqueza, repetia, mientras yo mudaba caballo, esta preciosa estrofa de Escobar:

 Llevadle, si, llevadle á la llanura 
Y sepultad alli su cuerpo yerto, 
Que la grama del campo y su verdura 
Deben ser la modesta sepultura 
Del hijo valeroso del desierto. 

Referiase á los cráneos que en una bolsa traia desde Salinas Grandes; y parecia insinuarme que los volviera á la tierra.- No se trata de eso, le decia yo, sinó de desenterrar otros. Y Bustamante movia la cabeza y recitaba otras estrofas:
Su tierra es nuestra; el agua de sus fuentes 
Apaga nuestra sed y nos recrea, 
Mieses nos dan sus campos florecientes 
. . 
Pobres indios! Sus bosques y el collado 
Donde al sol adoraban, son ya agenos; 
Su suelo entero ha sido conquistado 
Y nada! Nada! Se les ha dejado: 
Que les queden sus tumbas á lo menos!

- Mi querido teniente, contesté yo, poniendo el pié en el estribo, si la Civilizacion ha exijido que Vds. ganen entorchados persiguiendo la raza y conquistando sus tierras, la ciencia exije que yo la sirva llevando los cráneos de los indios á los museos y laboratorios. La Barbarie está maldita y no quedarán en el desierto ni los despojos de sus muertos.

p. 183
Bajo del cráneo y á guisa de almohada estaban las joyas, las prendas del caballo y demas objetos de plata labrada, de madera y hueso, que pertenecieron al finado. Hice excelentes colecciones, de que trataré en un tomo separado.
...
No todas las sepulturas son análogas. La de los caciques no se re ducen á una fosa comun, sino á una pequeña huaca, formada de trozos de madera dura en el interior del médano, cubierto todo por la arena. Tal era la tumba de Calvucurá, cuyo cráneo poseo y de que me оси paré en la prometida ocasion. 




p. 221: Palpitan á mis ojos las tolderias solitarias, abandonadas por el arau cano aterrado, decayentes y próximas á desaparecer devoradas por las llamaradas del incendio frecuente ó arrebatadas por las ráfagas sonoras de los vientos, soberanos viageros en los espacios de estas latitudes. Bajo los cueros de que son formadas, he recojido centenares de uten silios, instrumentos y armas. Fuentes, platos, cucharas, morteros y bateas de madera, trabajos en cuero para los arreos de las cabalgaduras, tejidos, pesados arados de gruesos troncos de calden, revelaban la habilidad del araucano para tallar y pulir la madera de sus comarcas, á la vez que la adaptacion de las mismas á las aplicaciones variadas de un taller
...
No faltaban tampoco ollas, tinajas de tierra arcillo-arenosa endurecida y quemada imperfectamente, pero de formas elegantes.- Recojí una tinaja que me acompañó en todo el viaje, envuelta en raja y que si bien rota al fin en un dia de mal humor de la mulitas, es una pieza meritoria para los museos. La alfarería hallada carece de decoraciones. El platero era entre estos indios una notabilidad rodeada de admiracion y de respeto, comparable á un obispo entre devotos.
La plata y el oro son los metales que emplean en sus trabajos los plateros pampeanos y sus obras sorprenden, á la verdad. Poseo mas de doscientas piezas preciosas de plata fundida y labrada en el desierto, con un crecido valor intrínseco é inestimable valor relativo, y que comprenden desde los arreos suntuosos del caballo de un cacique, hasta las joyas macizas y abundantes de sus favoritas, muchas de cuyas prendas han sido extraidas de antiguas sepulturas por mí mismo.

p.231
En Thrarú-Lavquen preparé dos cargueros de cráneos y objetos extrai dos de los sepulcros araucanos, que despaché para Carahué, con la partida que me alcanzó en Quiñé Malal.

p. 242
Sobraba de imponente y de aterrador el espectáculo en aquella soledad, á la hora en que hundido el sol en el arrebolado horizonte, desprende sus cortinas sobre la tierra el crepúsculo , precursor de las visiones y fantasmagorias de la noche; pero con todo, habia en aquellos lechos mortuorios algunos cráneos de formas tan raras y de tipo tan evidentemente arau cano, que dando al trasto con la majestad de la escena, ordené reunirlos para mi coleccion; y como los soldados no pusieran buena cara á la operacion de cortarlos por las vértebras cervicales, ni les agradara mucho el olor que algunos exhalaban, yo mismo puse manos á la obra, y envolví en mi poncho de goma, seis de los buenos cráneos de mi coleccion araucana ya numerosa y que un dia regalaré á los museos de mi Patria. Era de ver al indio Carriqueo. Me miraba de lejos con ojos de tigra hircana herida en su prole. Hablaba en su lengua rápidamente y cási á gritos, accionaba señalándome con el dedo, parecia desesperado de no poder blandir la lanza y agregar mi cadáver al de sus hermanos ; y bajando de repente el tono de sus peroratas, suplicaba con voz de sollozos. Todo lo entendia yo ; pero finjia ignorarlo todo. El indio no me maldecia; lėjos de ello, cuando hablaba á gritos, se lamentaba de que tuviera valor de llevar virulentos en mi equipaje ; y al suplicar, pedia que enterrára mos esos huesos para que no nos envenenaran. El indio no se me acercó en toda la noche : algo mas, no pegó sus ojos. Decia que todos íbamos á morir de viruela en castigo de la profanacion que diariamente hacíamos.

p.260
La Rosa Herrera se había propuesto hacerme ver el campo de batalla á que he hecho referencia y obsequiarme con algunos objetos allí recogidos, para el museo de que ya todos se habían declarado colectores

p.261
o hallamos, por fin y la identidad del cadáver fué en breve establecida por los soldados, deduciéndola del poncho azul con lunares blancos que el gran cacique ostentaba el dia de la accion y del pelo colorado del hermoso parejero malacara que Gerenal montaba. Caballo y ginete yacian al lado y el poncho deshilachado al rededor. Las fieras habian circulado repetidas veces por allí y habian desmembrado el cadáver llevándose las dos piernas y los dos brazos. Yo saqué el cráneo con seis vértebras lumbares. Es un cráneo de tipo araucano verdadero, por sus formas grotescas, sin simetria, deprimidas ó sobresalientes, y por su volumen notable. Conservaba aun la piel de tres milímitros de espesor en los parietales y frontal hasta la fosa nasal con el pelo entre negro y cano.
La putrefaccion habia respetado esta parte, que permanecia en con tacto con la salina, y habiéndolo lavado con alcohol y rociádolo con ácido fénico, pude conservarlo durante todo el viaje para ofrecerlo mas tarde al estudio de los profesores, como un recuerdo valioso de mis peregrinaciones por el desierto de la pátria, que anhelaba conocer ; y tambien como el cráneo del último cacique muerto heróicamente en defensa de su guarida en el mas apartado refujio : en la inhabilitable travesia.

p.280
Valle de Namuncurá. Ha sido el asiento de una poblacion indíjena que se remonta á los siglos mismos de la conquista, como lo revelaron las sepulturas que des cubrió el insigne Carranza y de las cuales estrajimos una coleccion de craneos de un crecido merito, por sus formas grotescas y caracteristicas del tipo salvage del araucano. Hallamos tambien utensilios y armas de hueso y piedra, que si bien revelan una antiguedad considerable, son sin embargo, contemporaneos de la época de las vacas en las llanuras platinas

domingo, 20 de septiembre de 2026

1869 "El Partido de Bahía Blanca. Informe a la Comisión..." escrito por George Claraz y traducido por Caronti y su esposa Adela


Par Georges Claraz

Cet opuscule a été écrit par moi á la demande du comité – en francais – tout en gardant mes brebis, monsieur et madame Caronti l’ont tradui en espagnol. Comme il fu écrit á la hate, par des briques et morceaux, tout en faisant mes travaux, n’ayant pas relu l’ensemble, je me suis opposé á ce que mon nom y figure.

L’oppuscule á été primé á l’exposition et a obtenu une medaille de distinction á l’éxposition de Cordoba, que M. Real de Azua me proposa d’emporte á mon depart pour l’Europe. Je declinai l’offre.

Bibliothek der Universität Zürich

 La nota manuscrita dice:

"Este opúsculo fue escrito por mí, - en francés - a pedido de la comisión, mientras cuidaba mis ovejas. El señor Caronti y su esposa lo tradujeron al español. Dado que fue escrito a las apuradas, de manera fragmentaria, como en bloques mientras seguía trabajando, al no haber releído el texto completo, me opuse a que en él figurara mi nombre.

El opúsculo fue premiado en la exposición y obtuvo una medalla de distinción en la exposición de Córdoba, que el señor Real de Azua me propuso que me lleve cuando partí de regreso a Europa. Decliné el ofrecimiento."


Primera fotografía de Bahía Blanca, 1869, tomada desde la intersección de las actuales calles Zelarrayán y Rodríguez y en la que se ve al fondo la antigua catedral, tomada por Antonio Pronsato, padre de Domingo Pronsato.


 CLARAZ, George, El partido de Bahía Blanca. Informe a la Comisión de la Exposición Nacional de Córdoba, Bs. As., 1869.




Georges Claraz en su juventud


Censo Nacional de 1869, partido de Bahía Blanca, población rural. 



Pedidos y concesiones de "suertes de estancia" en la zona rural de Bahía Blanca 
(en la Biblioteca Rivadavia)








Una excelente reseña biográfica de Georges Claraz se puede leer en este artículo de Guillermo Palombo, "La colección de Georges Claraz", publicado en la revista Hilario. Artes, letras oficios, 2026.


Las cartas de su socio y amigo Christian Heusser se pueden leer (en alemán) accediendo a este sitio: Briefe an die Familie





sábado, 19 de septiembre de 2026

1859 El "Informe de la Comisión Exploradora de Bahía Blanca" de Carlos Enrique PELLEGRINI

 


El texto completo del "Informe de la Expedición Exploradora de Bahía Blanca" publicado por Carlos Enrique Pellegrini entre noviembre de 1860 y abril de 1861 en la Revista del Plata, se puede descargar desde acá


 Carlos Enrique Pellegrini. Delineamiento de Bahía Blanca, 1858-59. 
Acuarela sobre cartón 16 x 40 cm. 
Museo Nacional de Bellas Artes

Carlos Enrique Pellegrini.






Este mapa también forma parte del "Informe..." y está publicado en la Revista del Plata, abril de 1861





Algunas pinturas de Pellegrini:







La traducción del poema final:

Luego, al despedirme de este triste lugar, me desahogué diciendo:

           

 

 

 

 

 

 

 

 

Adiós tristes testigos de la derrota de un valiente:

muros manchados con su sangre, cueva misteriosa;

solitaria tumba.

 

Adiós, desdichada ciudad que nació con la Esperanza

Pero a la que el Error, el Odio y la Venganza

ahogaron al nacer.

 

Donde yo pensaba volver a encontrar, de la república romana,

la grandeza naciente, y su plaza pública,

estrado de libertad,

 

ay ay, no encontré más que un cumulo de piedras

un tétrico calabozo, abierto en sus entrañas

por el rigor.

 

En lugar de las verdes arboledas desde la que suave brisa

sobre los frisos de mármol, infundiría vida

en el seno mismo del Pueblo-Rey,

 

no vi más que un pozo seco, excavado por esclavos;

y una árida ladera sembrada de obstáculos

por un Yo inflexible.

 

Una loba amamantó a Rómulo y a su hermano:

acá los fundadores asesinaron a su padre

y a Roma la incendiaron.

 

Y  al asesinar a Cesar, Brutus gritaba ¡“Patria”!

Pero ¿qué podía gritar una turba envilecida

Sin honor y sin Dios?

 

Una turba, desecho de la Europa arrasada,

con vicio alimentada, de vicio hambrienta

que, de la Libertad,

 

en el vertiginoso momento del crimen se atreve

a invocar su santo nombre, profanar su prestigio,

mancillar su majestad.

 

Ah... que mueran también los recuerdos detestables

que huya, que huya para siempre, ese lúgubre cuadro

de errores irreparables..

 

Ese pozo no es más que un volcán del que brota la infamia,

el abismo sin fin en que la patria

arroja su bandera

 

Pero en uno de sus bordes, en ese sitio oscuro,

cubierto de desechos impuros, una frase escrita

ha grabado el Eterno:

 

“De fuerte y perdurable nada hay en este mundo,

nada de bello, nada grandioso que la razón no funde

sobre el ESPÍRITU FRATERNAL”

 

¡Adiós! ¡Descansa en paz, sombra errante y dolorida!

que sin descanso buscaste en una y otra orilla

esa fraternidad;

 

tú, que no encontraste más que traidores como amigos

como compañeros, unos locos; unos carceleros como sacerdotes;

¡por doquier l’Adversidad!