Mostrando entradas con la etiqueta Fundación de Bahía Blanca. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Fundación de Bahía Blanca. Mostrar todas las entradas

jueves, 9 de abril de 2026

La fundación de Bahía Blanca ¿Cómo se contó en los años de la dictadura?





1) En el libro Sesquicentenario de la fundación de Bahia Blanca1828-1978, publicado por Chrismar ediciones, firmado como "colaboración del Comando V° Cuerpo de Ejército", hay un artículo cuyo titulo es EL EJÉRCITO ARGENTINO Y LA CIUDAD DE BAHIA BLANCA y que comienza así:




"Bahía Blanca nació al amparo y al impulso civilizador del Ejército Argentino"
"La fortaleza, en forma de estrella irradió su presencia de custodia en el desierto pampeano, lo que favoreció el asentamiento de los primeros pobladores, incorporando luego a los legionarios procedentes de la localidad de Nueva Roma...."

[...]

"Guiado por una clarividencia genial, el Coronel Estomba optó por fundar la fortaleza origen de la ciudad de Bahia Blanca ... para facilitar el transporte y el aprovisionamiento por esa vía y la seguridad de la nueva población ante un posible ataque y asedio de malón, tan frecuente en esa época."


[historia de las unidades militares con sede en la ciudad]



"El Ejército Argentino, promotor indiscutido de la fundación y desarrollo de la ciudad de Bahía Blanca, ha brindado seguridad y protección contra el asedio del indio y en época reciente y actual, supo enfrentar los elementos de una estructura subversiva..."

"A esta responsabilidad especifica propia de su estructura militar, el comando de Ejercito V ha sabido responder a las necesidades de la población a través de una acción comunitaria que bajo distintas formas se proyecta sobre los habitantes de toda su jurisdicción. La construcción de escuelas, el apoyo a instalaciones hospitalarias, tendidos telefónicos, obras viales, promoción de manifestaciones culturales y deportivas constituyen algunas de las tantas obras que ponen de manifiesto la sensibilidad de sus integrantes y su identificación con el pueblo."




2) En el libro Edición del Sesquicentenario que el diario La Nueva Provincia distribuyó gratuitamente, aparecen títulos y publicidades así:







En ese contexto es que se produce

3) La película SESQUICENTENARIO DE BAHIA BLANCA (1828-1978), estrenada el 4 d noviembre de 1978, dirigida por Alberto Freinquel, con  guion de José Rodríguez Masagüe, sonido de Giangreco y Azpeitía, y locución de Oscar Pasquaré y Gloria Menéndez. 

Según el articulo publicado en el diario La Nueva Provincia el 31 de enero de 1978, la película se inicia con una evocación de los orígenes de la ciudad, mediante grabados y dibujos de la época, que fueron recopilados por los señores Modesto Castañón y Germán García.

Luego aparece una ilustración histórica de cuatro minutos, que ha contado con el apoyo logístico del teniente coronel Rubén Ferreti y el mayor Emilio Jorge Ibarra.

Los personajes de esta acción, ambientada en el fortín ubicado en Villa Bordeu (cedido por SIC), están a cargo de actores bahienses entre otros Alberto D’Amico, Ricardo González, Héctor Castro, Oscar Pasquarè, Juan Carlos Spaltro, Eduardo Morales, Eduardo Soto, Ricardo Lòpez, Giovanna Mrini, Nelly Delucchi, con la aparición de Pablo Rodríguez Menéndez, José Luis Bustos, Adriana Gerin, Silvina, Natasha, Florencia y Luciana Pasquarè

Debe destacarse que para estas secuencias, las agrupaciones teatrales de la ciudad cedieron la vestimenta de los civiles, mientras que la peña Caldén Rojo, el cuero de caballería de la policía y el peinador Carlos Alberto aportaron otros elementos."


Las palabras son armas:
Impulso civilizador, la fortaleza como una "estrella" que irradia luz y protección (una estrella como la estrella de Belén), el ejército promotor indiscutido de la fundación y desarrollo de Bahia Blanca, a la que ha brindado protección a lo largo de toda su historia hasta el presente, contra el indio y contra la estructura subversiva (ni siquiera se hace mención a seres humanos), acción comunitaria,
Misión fundadora
Epopeya de civilización
La ciudad fuerte.

  • El relato (y la representación) del momento preciso de La fundación como mandato, un rol fundamental (en el imaginario) en la dinámica de construcción de identidad y en la agenda política.

  • El énfasis está puesto por un lado en el acto jurídico, institucional representado en la firma del "acta de fundación". Por otro en esos fundadores: militares abocados a la defensa de la frontera, Ese es el momento que marca (siempre según ese patrón narrativo), la “entrada en la historia”

  • Alguien podría decir que es una película de propaganda y no hay por qué pedirle que sea un libro de historia, pero precisamente por eso, porque toma SOLO ese momento, y se le dedica una producción especial (actores, escenografía, guionistas), se vuelve más significativo y elocuente el valor que se le dio al momento de la fundación. De hecho después de mostrar imágenes del presente de la ciudad, solo se menciona la colocación de las referencias históricas en las esquinas de las manzanas que ocupó  la fortaleza.
 
  •       No hay historia en ese relato: ni relaciones con pueblos indígenas, que aparecen representados en toscos dibujos como criaturas infantilizadas, salvajes; ni ferrocarril, ni migraciones, ni expansión agrícola, ni crisis, ni transformación urbana ni social.

  • La fundación de la ciudad como parte de esa “acción cívica” del Ejército: rol del Ejercito en tareas de infraestructura, construcción y reparación del espacio público.( Reglamento de Operaciones de Asuntos Civiles, 1966, educación, obras y servicios públicas, agricultura, transporte, comunicaciones, salud pública y otras que, además de contribuir al desarrollo social y económico, realzan o consolidan el prestigio de las fuerzas armadas ante la población.”, ffaa como asistentes del bienestar de la ciudadanía.

  • Y a nosotros nos consta la perduración de esa imagen, de ese concepto porque hasta no hace tanto "contar" la historia de la ciudad era SOLO o fundamentalmente ese momento fundacional.



Y se podrían agregar las placas de "Referencias Históricas", y el "Manual de Historia de Bahía Blanca" publicado por la Universidad Nacional del Sur.... pero eso lo dejamos ¡para el próximo aniversario!






















jueves, 10 de abril de 2025

ENTRE DOS ARROYOS, LA LOMA Y EL CANGREJAL: LA FUNDACIÓN DE BAHIA BLANCA EN 1828

 


Plano topográfico de la Fortaleza Protectora Argentina en Bahía Blanca, Joaquín Fernández Pareja, 1828. 
Archivo General de la Nación, Mapoteca I-12


¿Por qué en este punto, y no en otro, se emplazó la Fortaleza Protectora Argentina en 1828?


En el acta de fundación dice:

Reunidos para tomarles su parecer sobre el lugar en que debe situarse la fortaleza y la población, convinieron de opinión unánime que la posición elegida por el Ing. Parchappe y aprobada por el referido Coronel es la mejor que puede presentar la campaña en la parte de la costa, por la inmediación de un buen puerto y la reunión de un río de excelente agua, pastos abundantes, combustibles para muchos siglos y la mejor tierra vegetal ...


¿Por qué el ingeniero Parchappe eligió "esa posición"?

El 21 de marzo escribe en su diario:


Anduvimos todavía una legua al O.N.O., a través de terrenos socavados y cubiertos de chañares; luego, descendimos por las colinas que bordean la ensenada de la Bahía Blanca, en una extensa llanura entre su pie y la orilla, y llegamos al borde de un riacho, que más tarde supimos que era el Napostá de los indios o el Sauce Chico de los españoles, y que corre, en ese punto, del N.O. al S.E. Acampamos en medio de buenos pastos, resueltos a instalamos provisionalmente en ese lugar, hasta que un reconocimiento más amplio de la bahía nos permitiera elegir el asiento del establecimiento proyectado.


.... el suelo sobre el cual nos detuvimos ofrecía, en una extensión bastante grande, buenos pastos y una meseta muy llana y vasta, apropiada para sede del villorrio. Había encargado también al oficial que me acompañaba que recorriera las orillas del Napostá hasta su desembocadura.

Y mientras él recorre el curso inferior del Napostá para determinar el mejor punto para el PUERTO, recibe, 25 de marzo, el informe del oficial:


Los informes que el baqueano me dio sobre la colina eran exactos: presenta una vasta meseta, bordeada, al norte y al este, por el Napostá: el terreno es llano, firme y apto para la agricultura. Es el único de los alrededores que reúne tales ventajas. Estuve encantado de la ubicación, y luego de haberla reconocido bien, resolví finalmente que fuera el asiento del fuerte.


Y encarga a uno de sus ayudantes, el piloto y agrimensor español Joaquín Fernández Pareja la confección del primer mapa topográfico de Bahía Blanca.

¿En qué dirección había propuesto Parchappe que se desarrolle el poblado junto al fuerte? Pues bien, podemos ver que las ocho primeras manzanas habían sido previstas en dirección Oeste-Sudoeste, en torno a una futura plaza que debería haber ocupado la manzana de las actuales Rondeau-Güemes-Gorriti-Castelli.




Detalle del Plano topográfico de la Fortaleza Protectora Argentina en Bahía Blanca trazado por el ayudante de Parchappe, el piloto y agrimensor Joaquin Fernández Pareja, 1828. 
Archivo General de la Nación, Mapoteca I-12


Sabemos que, sin embargo, la plaza finalmente terminó estableciéndose al Noreste de la fortaleza, ense mismo rumbo tomaron las primeras residencias; cuando comienzan los cultivos, las quintas se extienden en dirección noroeste, y luego cuando llega el Ferrocarril Sud traza su línea Via Lamadrid en paralelo al curso del Napostá...

(Una observación solamente: ¿Qué áreas de la ciudad no quedaron inundadas por el desborde del Napostá?)


sábado, 22 de marzo de 2025

LA SILUETA DE LA CIUDAD


(Mapa publicado en la página del Archivo General de la Nación. Documentos Escritos. Mapoteca II-96. Estudio de un camino al Puerto-Nuevo de Bahía Blanca, realizado por los ingenieros Luis Silveyra Olazabal y Guillermo Villanueva,Noviembre de 1871.)

Bahía Blanca creció ceñida por un conjunto de cinturones:

El emplazamiento de Bahía Blanca, entre el Napostá y el Maldonado (1828).
Y luego, las vías del ferrocarril con sus terraplenes, el canal aliviador Maldonado, el (nunca concluido) camino de cintura, las rutas de acceso a la ciudad, el entubado del Napostá, los terraplenes de piedra y pavimento en el área, costera, desde los muelles en el puerto, hasta la central termoeléctrica.
Como corséts, que fueron dándole forma a su silueta.
Hasta que reventó.



jueves, 11 de abril de 2024

LA FUNDACIÓN (Texto de Luciano Campetella)



Esto escribió hoy Luciano Campetella:

Hoy es el aniversario de Bahía Blanca, la ciudad en la que vivo, la ciudad en la que estudié y estudio, la ciudad en la que trabajé y trabajo, la ciudad que interrogo y la ciudad que amo. Elijo esta foto actual porque ese punto de avistaje, parece, es, más o menos, el que adoptó el ingeniero Parchappe que integró la "comitiva fundacional" y es también el punto de contemplación que se actualizó a finales de la década de 1960, cuando los edificios en altura marcaban el pulso de la ciudad como "polo de desarrollo". Bahía Blanca, por cierto, tuvo momentos de gran crecimiento económico, jalonados por ingentes inversiones y construcción de infraestructura, como los años posteriores a la llegada del ferrocarril en 1884 y los años posteriores a 1989, cuando el proceso de desregulación y privatizaciones se tradujo en fuertes inversiones radicadas en su espacio productivo. A pesar de la inestabilidad macroeconómica imperante, hoy el desafío se actualiza nuevamente: trazar un sendero de desarrollo económico y social que contemple a la vez nuestros recursos y nuestros deseos de bienestar. Una ciudad es la historia de una persistencia, un ciclo variable de expectativas que se actualizan constantemente porque en ellas se juega algo tan preciado como la propia identidad.

La fundación de Bahía Blanca

 Como parte de los festejos por el 196° aniversario de la fundación de Bahía Blanca, fuimos invitados a participar del acto oficial llevado a cabo en el Teatro Municipal. He aquí el texto escrito por Ana Miravalles.

"Panorama" pintado por Augusto Ferrari en 1928

 

La fundación

Ana Miravalles


Como una isla en el confín 

entre el océano y (lo que en aquellos tiempos se consideraba) el desierto: 

así surgió Bahía Blanca.

Todos tenemos presente una fecha, el 11 de abril de 1828; una imagen, el perfil del fuerte con forma de estrella; unos nombres, Huecufú Mapu, la “tierra del diablo”, la Fortaleza Protectora Argentina; y el nombre (e incluso un retrato) del fundador, Ramón Estomba.

A veces se habla de la fundación de la ciudad como hubiera sido la iniciativa y la proeza de un único (gran) hombre, como si ese origen (haber sido un fuerte militar, un puerto con una posición privilegiada), fuera la causa de su carácter y hubiera prefijado para ella un “destino”, dependiendo de quién lo cuente, un destino de progreso indefinido, o de frustración de algunos de sus sueños de grandeza.

Sin embargo, tal vez convenga recordar que el jefe de la expedición fundadora, encargada y financiada por el gobierno nacional, precisamente el coronel Estomba fue, casi el último en llegar. 15 días antes, el 21 de marzo, había llegado, por tierra, el ingeniero - agrimensor Narciso Parchappe (cuyo diario forma parte del Viaje a América del Sud de Alcide D’Orbigny), junto a veinticinco coraceros a cargo el teniente Morel, el cacique Venancio con treinta indios, diez mujeres, un baqueano, otros seis hombres, y dos habitantes de Patagones con tres criados (79 personas mínimo). Parchappe, por tierra; y por mar, el marino y comerciante inglés Enrique (Henry) Jones (contratado también él por gobierno), con un capitán y seis marineros franceses, a bordo de la sumaca “Luisa”, la nave, un velero, cargada con todos los materiales para la construcción del futuro poblado: 366 palmas, 253 tacuaras, 25 puertas, 8 ventanas, 3 cañones, 2 hojas de portón, 1 guarda pólvora, 105 tablas, 21 tirantes, 4 palos de marco de portón, 25 llaves de puertas, 220 bolas de cañón, y varias cosas más.

En cuanto llega, Parchappe instala su campamento a orillas del Napostá (¿habrá oído cantar a las ranas?), y durante esos días a fines de marzo recorre a caballo, con varios de sus hombres todo el terreno circundante: llano, firme, y apto para la agricultura, cuenta en su diario, y “encantado” (enchanté, escribe él en francés), decide que ese va a ser el lugar para el fuerte y el poblado. En la bahía, a orillas del mar, en la desembocadura del Napostá, instalan “balizas”, unos estacones para señalar el camino hacia la costa, y unas explanadas de madera apiladas, sobre el fondo de barro y limo para poder desembarcar los materiales cargados en el velero.

Recién el 9 de abril, llega Estomba con la primera división de carretas y la caballería. Ese mismo día, en su tienda de campaña, se firma el acta de “fundación”: los firmantes aceptan el lugar propuesto por Parchappe y más aún, pronostican que gracias a su “buen puerto, un río de excelente agua, y la mejor tierra vegetal, pastos abundantes, combustibles por muchos siglos, está llamado para ser algún día uno de los establecimientos de más interés para la Provincia de Buenos Aires”.

El 11 de abril llega el resto de la expedición e instalan el campamento general. Fue ese mismo día que hincaron a fondo la pala en la tierra, y dieron comienzo a los trabajos de construcción, no solamente del fuerte (entre Estomba-Chiclana, O’Higgins, Brown-Vieytes y Moreno) sino también del poblado diseñado por Parchappe: 9 manzanas, entre las actuales calles Moreno, Vieytes, Castelli y Roca. Alrededor del fuerte, las viviendas de los oficiales y los expedicionarios, y el campamento de los prisioneros portugueses. Sobre la actual calle Moreno (frente al paredón de 4 metros de la fortaleza), una fila de ranchos para las mujeres de los soldados, y sobre calle Vieytes, las primeras pulperías.

Una versión de la imagen con la que habitualmente se ilustraban las glosas referidas a la fundación de Bahía Blanca fue plasmada por el pintor italiano Augusto Ferrari. En 1928, para el centenario, la municipalidad le encargó que pinte un “panorama”: una tela de 11 m de altura y 65 m de largo, montado sobre una estructura circular de madera de 20 m de diámetro. Estuvo dos años expuesto al público, en la esquina de Colón y Vicente López, y luego en el Parque Independencia, por más de treinta años hasta fines de la década del 60, cuando fue retirado para su restauración, pero se perdió para siempre.

¿Qué se veía en ese panorama? De un lado, la Fortaleza, carpas, carretas, ranchos, un mangrullo, soldados y frente al fortín, arrodillados ante una imagen de la Virgen de la Merced, una mujer y un indígena rezando. Había también una escena que representaba “malón” repelido por Estomba enarbolando su espada en la batalla; y heridos y fuego en el horizonte. Del otro lado, niños jugando en el arroyo Napostá, caballos, vacas, y la calle que conduce al puerto, es decir, escenas que graficaban el triunfo de la “civilización” sobre la “barbarie”.  

Pero ya sabemos que el retrato de Estomba es falso; que las instalaciones del fuerte eran precarias e inadecuadas, que las que cumplieron la función defensiva del fuerte fueron en realidad las casas de azotea (particulares) en el campo, a orillas del Napostá; y que esa “civilización” triunfante se ha vuelto, a la vez, un testimonio de la barbarie.

Tal vez algunos de ustedes recuerden del poema de Borges, “La fundación mítica de Buenos Aires” estos versos:

Los hombres compartieron un pasado ilusorio.

Sólo les faltó una cosa: la vereda de enfrente.

A aquel mito fundacional le faltó, justamente la vereda de enfrente: le faltó historia, tanto de las relaciones de comercio, intercambio y convivencia entre los aborígenes y los “recién llegados” como de los devastadores efectos de la avanzada militar en la vida y la cultura de esos pueblos; le faltó el relato de los prosaicos topógrafos que, a paso de tortuga, arrastrando una cadena en la llanura pelada (como decía Carlos Pellegrini, el ingeniero en 1859), se dedicaron a medir, dividir, y delimitar con mojones las tierras asignadas a sus “nuevos” propietarios: estancias, chacras, quintas, solares, para el cultivo de trigo y hortalizas, la instalación de molinos de harina, y la plantación de arboledas y viñedos (con el que se hacía el famoso vino chocolí).

Aquel mito parece haber determinado un “destino” y una “identidad” para Bahía Blanca,  pero quién sabe si ese determinismo (ser una ciudad militar, una ciudad cerrada, a la defensiva, o, por el contrario, una ciudad que “a infinita grandeza se orienta”) no es también un mito. Y frente al mito, la historia, con sus circunstancias singulares, con sus entramados de intereses económicos y políticos siempre en pugna. Pero la historia permite comprender que existen también la voluntad, la iniciativa, y sobre todo la posibilidad de concebir otros futuros posibles y de tomar las decisiones necesarias para hacerlos realidad.

Decíamos antes que Parchappe, según cuenta en su propio diario, varios días antes del 11 de abril, cuando se aboca a reconocer el terreno, sube a la loma (a la altura del cementerio o del shopping, tal vez), mira, y concibe en su imaginación esta ciudad. Desde esa altura contempla el océano, y la llanura cubierta de plantas y arbustos marinos, y la amplia meseta, rodeada por el Napostá (el terreno elegido); y ve la bahía en toda su amplitud, con sus inmensos espacios desnudos, blanquecinos, con sus florescencias salinas que brillan al sol, y las velas blancas de la embarcación que espera.

Él contempla el océano, desde la loma. ¿Y nosotros? Nosotros, que hacemos la historia, pero tal vez no quedemos registrados en ella, pongámonos por un momento, con la imaginación, en una de las posibles veredas de enfrente, miremos a través los ojos de aquellos desconocidos que llegaron a esta bahía por mar.

¿Nosotros?
Tal vez lleguemos
a esa ciudad que no es todavía
con sus zanjones, sus ranchos,
sus pozos de agua salobre, tal vez,
con la marea baja los alcancemos,
los estacones, hincados a fondo
en el barro
en la embocadura del río.

Tal vez, porque el peligro
no son ni el oleaje en el mar ni las tormentas
ni el viento furioso sino perderse
para siempre entre los riachos
y acabar hundidos en la arena
finísima del cangrejal.
Tal vez lleguemos y nos encontremos
en aquel barrial donde, por ahora,
solamente las ranas
cantan.

Ahí va a caballo el científico ingeniero Pellegrini
a visitar junto al arroyo
lo que queda de aquel primer molino:
la rueda, el engranaje de madera,
las toscas del dique por el campo,
las zanjas llenas de tierra.

Pero antes de llegar
se desnuda y se da un baño
a la sombra de su bosque.




Un bosque le dicen, una selva,
todo lo selváticos que, desde ya,
pueden llegar a volverse en estos pagos,
a la vera de un escueto laberinto de acequias,
acacias, álamos y sauces
y también perales, guindos y durazneros
membrillos, higueras, y manzanos,
y un poco más allá las vides
para ese vino burbujeante, bueno,
todo lo burbujeante que, desde ya
puede llegar a resultar el mosto fermentado
de la uva moscatel de mesa,
asentado unos días en un tonel, colado,
embotellado y comprado
a veinte pesos
en la quinta del cura.

Todo lo demás,
    la plaza cubierta de huesos y cenizas
    el barro reseco de los charcos y de los frentes de adobe,
    el cuero de los toldos,
    las calles batidas por el trote monótono de la patrulla,
    la tierna carne de las yeguas recién faenadas
    pudriéndose al sol entre las moscas,


todo eso, pelado
como la palma de una mano,
y en silencio.



Pero no:
ese vino chacolí es intomable,
el trigo casi no prospera,
menos que menos el que fabrica harina:
muy cara, muy rústica, mejor
dejar las quintas más alejadas del centro
como potreros para la hacienda,
o para nada.

Todos quieren tierra
pero ahora
que cada vez van siendo más,
tierra, así, suplicada y de regalo
para todos
ya no hay.

Ahí va Pedro Pico, al sol,
solo y pensativo la tierra desierta,
con sus cordeles,
con su teodolito y su brújula,
midiendo

los señores propietarios
de las quintas y chacras linderas
ni fueron

te la regalo
en pleno enero
colocando mojones por ahí.

---

 

Mil
por cada mojón de Pico
y después cien, y después mil más,
y después mil más por cada uno de los que se perdieron
entre los socavones, las cuevas de las vizcachas
y por los que se deshicieron carcomidos
por el salitre y el barro y el agua de la marea
y por todos los que podrían haber sido clavados
en el desierto, más allá,

pero no.

Estamos perdidos
en este barrio extraño.
Es que las calles ya tienen nombre
pero ni siquiera están abiertas todavía.


Los que sí están muy atentos son los dueños
de los lotes que están
a punto de rematar
con banderas, bombas de estruendo
sombreros de copa
y tazas de té o copitas de licor.

Y de pronto la lluvia, un aguacero:
el río colmado, avanza, arrasa, embate
haciendo estallar el afirmado
y el puente que vuela por los aires

como salva de cañón en fiesta patria,
el barro de la pampa embadurnando
el parque, el bulevar, el teatro y la avenida,
la brújula, los planos, nuestros pasos

en esta ciudad que no es todavía.
Estremecidas las ranas se callaron
por un segundo solamente, ocultas

entre las flores de trébol y los yuyos,
conmovidas, las luces y las sombras
a través de las ramas de los sauces.


Estos textos están basados en las siguientes fuentes (ordenadas cronológicamente)

PARCHAPPE, Narciso, "Capítulo XVI: Viaje a Bahía Blanca", 1828. La crónica de Parchappe, escrita durante la campaña con Estomba, fue incorporada por Alcide D'ORBIGNY, a su monumental obra Viaje a la America Meridional, tomo 1, publicada en 1834, tal como él mismo aclara en ese mismo libro tres capítulos antes.

PELLEGRINI, Carlos, "Informe de la comisión exploradora de Bahía Blanca 1859", en Revista del Plata, noviembre de 1860 - abril de 1861. [Transcripción. El original y los archivos digitalizados en pdf están en la Biblioteca Nacional Mariano Moreno]

REAL DE AZUA, Ezequiel, CARONTI, Felipe, LASPIUR, Sixto, El partido de Bahía Blanca. Informe a la Comisión de la Exposición Nacional de Córdoba, Bs. As., 1869. [Transcripción. El original se encuentra en la Biblioteca Rivadavia]

LUGONES, Benigno, "La vida en Bahía Blanca" y "Cuestiones agrícolas", La Nación, 1883. Publicado en Crónicas, folletines y otros escritos, Biblioteca Nacional, Bs. As. 2011

BANCHS, Enrique, "Bahía Blanca", en Ciudades argentinas, publicado en la revista El monitor de la educación común, 1910. [Este texto fue reeditado por la editorial 17 grises, de Bahía Blanca en 2010].


(En formato pdf, aquí)

viernes, 5 de abril de 2024

1828 Los que llegaron antes (Narciso Parchappe, Henry Jones, Domingo Laborde et al...)

Fragmentos del texto de Narciso Parchappe, que forma parte del libro Viaje en America Meridional del naturalista Alcide D'Orbigny (el texto completo se puede leer aquí)

 "El coronel Estomba me previno que debía partir el 12 de marzo, acompañado de una escolta de treinta hombres y del cacique Venancio con los suyos, para hacer un reconocimiento preliminar de Bahía Blanca, a fin de resolver hacia que punto se dirigiría la expedición y elegir, por adelantado, el sitio donde debía comenzar a formarse la colonia."

"Me puse en marcha con una escolta compuesta de veinticinco coraceros, que mandaba el teniente coronel Morel; nuestra tropa aumentó al incorporarse treinta indios, con su cacique, diez mujeres, un baqueano o guía acompañados de seis hombres y dos habitantes de Patagones o el Carmen, con tres criados."

(relata las vicisitudes del trayecto)

21 de marzo. 

La marcha se hizo cada vez más difícil y nuestros pobres caballos, hundiéndose hasta media pata, estaban a punto de negarse a servir, cuando alcanzamos unas alturas o dunas, desde donde vimos el mar. 

Al placer de alcanzarlo sin accidente, se unía el de contemplar el océano, que no veía desde hacía varios años y cuya superficie azulada contrastaba con el aspecto amarillento y triste de las llanuras que recorría desde tanto tiempo atrás. El baqueano, que tomó la delantera, me previno que había visto una embarcación de dos mástiles anclada en la bahía; no podía ser otra que la enviada desde Buenos Aires con los materiales para las construcciones que debían ejecutarse en el nuevo establecimiento."

Luego, descendimos por las colinas que bordean la ensenada de la Bahía Blanca, en una extensa llanura entre su pie y la orilla, y llegamos al borde de un riacho, que más tarde supimos que era el Napostá de los indios o el Sauce Chico de los españoles."

Al día siguiente monté a caballo, acompañado del jefe del establecimiento; y bordeando las dunas que rodeaban la bahía, me dirigí al E.S.E., para buscar el navío visto la víspera. A nuestra derecha veíamos inmensos terrenos llanos, cubiertos de plantas y arbustos marinos, en medio de los cuales se distinguían grandes espacios desnudos, blanquecinos, cargados superficialmente de florescencias salinas, que brillaban al sol; todo se inunda en la época de las grandes mareas. Trepé, en dos diferentes ocasiones, la cima de las dunas, para dirigir mi lente hacia la bahía, donde no vi más que el mar, porque la marca era muy baja y abandonaba entonces todo el suelo raso que constituye el fondo. Llegamos, finalmente, a una punta elevada, donde descubrimos la bahía en toda su anchura y la embarcación anclada alrededor de media legua más lejos. Galopamos sobre una playa de arena, sembrada de conchillas; pasamos sobre un banco de roca, rodeado de grandes acumulaciones de cantos rodados de todos los colores, y llegamos a orillas de un arroyo en el cual la marca baja había hecho encallar el navío. Encontramos a bordo al señor Enrique Jones, su propietario, y al piloto Laborde, con seis marineros franceses, que formaban la tripulación de una ballenera destinada a la bahía"

"Como sólo había en la vecindad dunas, guadales y ningún lugar apropiado para la colonia, decidí, a pesar del buen puerto, que la embarcación esperara la elección de un sitio más conveniente, a fin de anclar; y decidí permanecer a bordo para ir a reconocer, con la ballenera, la boca del río en que estábamos acampados. Por la mañana, había enviado al baqueano en dirección opuesta, con la misión de examinar el terreno. Fue hasta Vaca Loncoy o Cabeza del Buey, duna elevada, que estaba frente a nosotros del lado sur, y halló impracticable toda la hondonada que rodea la bahía, sobre todo en la orilla opuesta, donde sólo se encuentran cangreja1es; mientras que el suelo sobre el cual nos detuvimos ofrecía, en una extensión bastante grande, buenos pastos y una meseta muy llana y vasta, apropiada para sede del villorrio"

24 de marzo

El viento seguía soplando con violencia y se oponía a mi proyecto de reconocimiento por agua; el baqueano me trajo un caballo ensillado, que aproveché para regresar al campamento por tierra, dando orden al piloto de embarcarse en la ballenera a fin de ir a la entrada del Napostá. Mientras andaba, vi desde lo alto de las dunas las velas blancas de la embarcación, que cinglaba hacia el fondo de la bahía; tomé el galope para adelantarla y llegué al campamento media hora antes de la caída del sol. Una vez que puse pie en tierra, hice subir un hombre al techo de la carreta, para que pudiera seguir la marcha de la ballenera que avanzaba bajo vela, y parecía acercarse a la desembocadura: envié otro hombre a la costa para que hiciera señales; pero llegó la noche y mi mensajero reapareció en el campamento sin haber visto nada.

En vista de las circunstancias, el 25 monté a caballo muy de mañana y me dirigí a la boca, acompañado del oficial y el baqueano. La marea de la víspera había invadido todas esas lomas blancas, cubiertas de 25 de marzo eflorescencias salinas y cuyo brillo me impresionó al llegar; pero vi claramente que podían desembarcarse sin dificultad todos los objetos no susceptibles de alterarse por la humedad, y que resultaría fácil levantar un terraplén apropiado para servir de batería y de lugar de descarga de los barcos.

No hallando ningún rastro de la ballenera, hice encender fuego y plantar una bandera, esperando que esas señales fueran vistas por la tripulación, y fui, con el baqueano, a reconocer la colina de que he hablado.

Los informes que el baqueano me dio sobre la colina eran exactos: presenta una vasta meseta, bordeada, al norte y al este, por el Napostá: el terreno es llano, firme y apto para la agricultura. Es el único de los alrededores que reúne tales ventajas. Estuve encantado de la ubicación, y luego de haberla reconocido bien, resolví finalmente que fuera el asiento del fuerte. 

Impaciente de llevar socorros a los pobres marineros de la ballenera, monté a caballo muy temprano y me dirigí hacia el fondo de la bahía, a través de la llanura comprendida entre las salinas y las dunas, hondonada que ofrece bastante buenos pastos. Después de haber andado alrededor de cuatro leguas, entré en las playas saladas que la marea cubrió la víspera, lo que hacía difícil al extremo el trayecto; también encontramos muchas hendiduras cavadas por esos diversos brazos; dos de entre ellas bastante anchas y profundas como para dar entrada a los navíos; pero sus orillas no ofrecían ningún punto apropiado para desembarcar. Todos los terrenos de los alrededores son limosos, y en la misma orilla sólo presentan un limo más muelle y lleno de huecos de cangrejos, lo que hace que los habitantes los llamen cangrejales, porque apenas los caballos ponen allí las patas, caen y se hunden hasta el vientre; algunas veces resulta imposible retirarlos y allí perecen. El jinete no tiene, en esos casos, otro remedio que arrojarse a un costado, y si ve que el suelo no puede sostenerlo de pie, se retira arrastrándose de vientre".

(...)

29 de marzo

"Nos despertamos con la llegada de varios indios del cacique Tetruel, que venían a informamos que su jefe iba al encuentro del coronel Estomba y que probablemente el convoy debía hallarse de este lado del 29 de marzo Arroyo Salado."

(Comienzan a desembarcar los materiales de construcción. El 1 de abril llega el Mayor Valle; varios grupos de indígenas se acercan y acampan en las cercanías, ya que tienen varios cautivos.

9 de abril, 

Habiéndome enterado por un mensaje del coronel Estomba, escrito la víspera en los Manantiales de Napostá, que debía llegar en el día con la primera división de carretas y caballería de la expedición, monté a caballo para ir a su encuentro, y habiéndolo hallado a corta distancia, llegamos al campamento a las diez. Después de algunos instantes de reposo el coronel quiso recorrer los alrededores. Le hice ver todas las ventajas de la ubicación que elegí para el establecimiento, tanto a causa de la hermosa colina donde debía construirse el fuerte, como de la proximidad de un buen puerto. Estuvo encantado de todo lo que yo había hecho y aprobó mis planes. 

Dos días más tarde llegó el resto del convoy con la infantería; el campamento general fue instalado junto a la altura de mi elección. Comencé el trazado del fuerte e hice sucesivamente el del villorrio, los cuarteles, etc. Se pusieron a cavar los fosos y consagré todo mi tiempo a la dirección de los trabajos."


Plano topográfico de la Fortaleza Protectora Argentina en Bahía Blanca, 1828. Mapoteca I-12. Archivo General de la Nación

Referencias:
a. Plaza de Armas de la Fortaleza
b. Corral de ganado
c. Corral de la Caballerìa
d. Plaza de la Población
e. La Comisaría
f. Rancheria de las Chinas
g. Campamento de los Portugueses
h. Quinta del Estado
i. Arroyo Napostá
j. Perfil de la Fortaleza

El relato del ingeniero Narciso Parchappe, integrante de la expedición de Estomba 

"La noticia de nuestra llegada a esos alrededores se difundió pronto entre las tribus errantes de las inmediaciones; por eso vimos acampar a muchas de ellas sucesivamente arriba y abajo de nosotros, a orillas del Napostá. Esos indios poseían varios niños y mujeres de raza blanca, cautivos provenientes de invasiones anteriores al territorio de los cristianos y en las cuales sólo matan a los varones adultos. Intentamos rescatar esos prisioneros al precio de algunas yeguas, moneda empleada de ordinario en esa clase de intercambios; pero la cosa no fue sin dificultad y, lo que es más notable, la oposición provenía de las mismas cautivas, muy apegadas a su amos indios. (...) Habiéndome enterado por un mensaje del coronel Estomba, escrito la víspera en los Manantiales de Napostá, que debía llegar en el día con la primera división de carretas y caballería de la expedición, monté a caballo para ir a su encuentro, y habiéndolo hallado a corta distancia, llegamos al campamento a las diez. 

9 de abril 

Después de algunos instantes de reposo, el coronel quiso recorrer los alrededores. Le hice ver todas las ventajas de la ubicación que elegí para el establecimiento, tanto a causa de la hermosa colina donde debía construirse el fuerte, como de la proximidad de un buen puerto. Estuvo encantado de todo lo que yo había hecho y aprobó mis planes. Dos días más tarde llegó el resto del convoy con la infantería; el campamento general fue instalado junto a la altura de mi elección. Comencé el trazado del fuerte e hice sucesivamente el del villorrio, los cuarteles, etc. Se pusieron a cavar los fosos y consagré todo mi tiempo a la dirección de los trabajos."


(el texto completo del capítulo "Viaje a Bahía Blanca" fue incluido por el naturalista Alcide D'Orbigny en su obra Viaje a la America Meridional y se puede leer completo cliqueando aquí).

1828 Acta de fundación de Bahía Blanca


Acta de fundación de Bahía Blanca

"En la Fortaleza Protectora Argentina, el nueve de abril de mil ochocientos veintiocho, reunidos en la tienda del Coronel Ramón Estomba, Jefe de la Expedición a Bahía Blanca, el Teniente Coronel Andrés Morel, los Sargentos Mayores Narciso del Valle y Juan Elías, el Capitán Martiniano Rodríguez, el ingeniero agrimensor Narciso Parchappe y los vecinos pobladores Nicolás Pires, Pablo Acosta y Polidoro Coulin, para tomarles su parecer sobre el lugar en que debe situarse la Fortaleza y Población, convinieron de opinión unánime que la posición elegida por el ingeniero Parchappe y aprobada por el referido Coronel es la mejor que puede presentar la campaña en la parte de la costa, por la inmediación de un buen puerto y la reunión de un río de excelente agua; pastos abundantes; combustibles para muchos siglos y la mejor tierra  vegetal, por cuya reunión de circunstancias está llamado a ser algún día uno de los establecimientos de más interes para la Provincia de Buenos Aires".

Ramón Estomba, Andrés Morel, Narciso del Valle, Juan de Elías, Nicolás Pires, Polidoro Coulin, Narciso Parchappe, Martiniano Rodríguez y Pablo Acosta.