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sábado, 2 de mayo de 2026

Trabajo y protesta en la Bahía Blanca del Centenario (1927-1928)





Entre 1927 y 1928, precisamente cuando Bahía Blanca festeja su Centenario, se produce una serie de huelgas de estibadores y peones de las barracas, mujeres empleadas en las fábricas de bolsas de arpillera. Esos conflictos son una especie de ventana que, eludiendo la humareda de la exaltación retórica  de los festejos,  nos permite adentrarnos, podría decirse, “desde abajo”, en las experiencias de organización, protesta y experiencia cotidiana de trabajadores y trabajadoras en nuestra ciudad e Ing. White durante el auge del modelo agroexportador.






Juan Soria, (2026): "Entre los muelles, las bolsas y los revólveres: experiencia, protesta y género en una comunidad obrera (Ingeniero White, 1927 – 1928)", Historia Regional, (58), 1-18.


La storia non la fanno i vincitori, la storia la facciamo noi che la narriamo

La historia no la hacen los que ganan, la hacemos nosotros que la contamos

sábado, 1 de noviembre de 2025

"COMO CABALGAR UN TIGRE"


 

“Como cabalgar un tigre. Trabajo y protesta en Bahía Blanca (1955 – 1976)” es una visita guiada por el MAHBB para conocer la experiencia de los trabajadores bahienses a mediados del siglo XX. Un ancla, una llave inglesa, bolsas de arpillera y un balde serán las ventanas para mirar ese mundo de fábricas, talleres y puertos donde miles de trabajadores y trabajadoras, con sus labores, luchas y esperanzas, forjaron la historia reciente de la ciudad.




viernes, 20 de diciembre de 2024

UN ORIFICIO EN EL PANTALON (FLORA LANCI)




Vino al museo Flora Grazia Lanci, (italiana, del Abruzzo, de 83 años), y después que nos presentamos y nos saludamos, miró a su alrededor, en el patio del edificio de Saavedra 951 y nos contó:

"Flora, Flora Grazia Lanci, nací en Italia, in Abruzzo. Bueno, Mi cuñada cosía acá en el Comando, y yo recién había llegado y me dice: vos aprendé bien los pantalones que vos también podés hacerlos, porque pagaban bien, porque yo trabajaba, cosía pantalones, camisas, todo, pero con los rusos, con los judíos, te pagaban poco, ahí en la calle Lavalle, te daban los paquetes de los pantalones, ya cortados, vos lo tenías que coser, planchar, todo y traerlos, y así, y bueno, aprendí bien el pantalón, acá porque era difícil, era de los soldados, porque son de ese paño duro, era difícil, pero bueno, mi cuñada miraba, empecé a coser, vos traías un paquete, te daban el ok que estaba bien, y te daban otro paquete, y te lo llevabas, pero eran tres o cuatro meses, después ya no había más, por eso había que apurarse, porque pagaban bien, te daban con la jubilación, todo.
Y un día, acá estaba esta mujer, me dice,
"Señora"
abre el paquete, la de arriba, pero es una pavadita que tiene adentro
[el pantalón, el de arriba, y era un agujerito que me había quedado, ahí en la entrepierna, a ese solo];
y me dice:
- 'señora, ¿vos sabés qué pasa con las bolas de los soldaditos? te los tenés que llevar hacer todo de nuevo'.
- ¡Pero es solamente ese, revise todo!
- No, no, no.
Empecé a llorar porque todo ese paquete era pesado, y me tuve que ir, porque mi marido me trajo en bicicleta, yo adelante, el paquete atrás, él manejaba, y mi marido se fue a trabajar, y con ese paquete, tuve que volver en colectivo, lloraba, lloraba...
Pero fue la única vez. Después se cerró acá, se cerró, no había más trabajo.
Pero cuando yo me jubilé de lo que yo iba pagando, tenía el aporte de acá.
- Y la máquina de coser que usabas era tuya o te la....?
Gracias a mi mamá, me la compró allá en Italia."
Es cuestión de afinar el oído. Empezamos a comprender que ese mistificado "hotel de inmigrantes", esa "cuartel" que aparecen tan frecuente en la memoria de quienes hicieron el servicio, fue también una fuente de trabajo para muchas mujeres durante los años 50 y 60, tanto ahí adentro, como para el (tan frecuente en esos años) trabajo domiciliario.


Un trabajo finísimo

"Acá estaban las mesas largas de madera, tenían todos moldes, todos por talle, ya sea el cuello, ya sea las charreteras, los puñitos, todo, todo, cortaban todo automático, las tijeras inmensas."

Mi mamá, María Paulina Pendás de Neyra, cosía para el comando del ejército, venía cosía y a veces se llevaba trabajo para casa, tenía que coser las charreteras o las tapitas de los bolsillos, era una ropa excelente."

"Hasta los años 60, después que quedó viuda. El polvillo de la telas le afecto los pulmones, tenia problemas respiratorios porque igual cosía, largaban un polvillo propio de la tela. Y yo la podía acompañar, la acompañaba, yo estaba terminando el secundario.

Tenían las tijeras como si fueran eléctricas grandotas ya venían los moldes, hacían tapa de bolsillos, solapas, espalda, mangas, los gabanes, eran como sobre todos, los pantalones eran una belleza como quedaban asi cosidos como si fueran la raya, las tablitas de los pantalones, era finísimo ver eso, muchos años, 

Pero bueno, es como todo, pasó"


Conversación con Glady Olga Neyra en la sala del museo, el 17 de diciembre de 2024

sábado, 26 de octubre de 2024

Laburo, laburo pero ¿cómo?


Soldados, fortineras y pulperos (1828-1870)

En la fortaleza, sólo defensa y comercio de subsistencia. La vida depende casi por completo de las raciones enviadas por el estado. 

En el campo, peones que se ocupan del arreo del ganado, vacuno y lanar, y también, los blandengues, los milicianos de frontera.

Recién a partir de 1840 algunos agricultores genoveses comienzan a sembrar trigo, se produce harina, e incluso vino, el “chacolí”.

En el censo de 1869 aparecen jornaleros, lavanderas, dos médicos, sirvientas, costureras, un par de zapateros, un panadero, cocineras, carpinteros, curanderos, carreros, un boleador de avestruces, algunos sastres … y una cigarrera.

 

Mano de obra (1880 – 1945)

Desde fines de siglo XIX se produce la afluencia masiva de trabajadores para el campo, el ferrocarril y los puertos,

para las primeras grandes construcciones en la ciudad;

para ocuparse en diferentes oficios: sastres, tipógrafos, ebanistas y marmoleros; empleados y empleadas en casas comerciales; y obreros y obreras en lavaderos a vapor, y fábricas de fósforos, de bebidas y de jabones. 

Mujeres, en el ámbito doméstico y también en la atención de fondas y pensiones, cocineras, lavanderas, costureras, sirvientas, amas de leche y prostitutas. 

E inclusive niños: aprendices, mensajeros, vendedores y trabajadores ambulantes (lustrabotas, afiladores, canillitas).

Las condiciones son duras: fondas paupérrimas, ranchos, o carpas en el campo; a jornal, no menos de diez horas diarias, sin feriados, vacaciones ni licencia por enfermedad.

Se forman los primeros gremios promovidos por obreros anarquistas y socialistas: pliegos de reclamo a las empresas, manifestaciones en el centro de la ciudad o en el puerto, y huelgas para protestar, presionar y negociar. 

Memorables la de 1901, la de 1907 en el puerto y en Bahía Blanca, la de 1913 en Arroyo Parejas, las ferroviarias de 1917 y 1918, y la de carpinteros de 1928.

¿La respuesta? represión, lockout (o cierre temporario de la fuente de trabajo con el consiguiente descuento en los jornales); y Asociación del trabajo libre, que provee mano de obra (“carneros”) y “disuade” a los AGITADORES revoltosos. 

 

Movimiento obrero en Bahía Blanca (1930 – 1976)

 Desde la crisis del 30 el trabajo se orienta hacia la obra pública (muelle y puerto nacional, rutas), y a la industria local: obreros textiles, metalúrgicos, frigoríficos.

A partir de 1946, con el gobierno de Perón las políticas laborales mejoran las condiciones de trabajo en todo el país: estabilidad, vacaciones, aguinaldo, jubilación convenios colectivos de trabajo. Se produce así el alineamiento y el apoyo masivo de la CGT y los sindicatos.

En Bahía Blanca, La política de pleno empleo favorece el ingreso masivo de personal en el sector público; la pequeña y mediana industria, alentada por medidas de incentivo, requiere y atrae mano de obra calificada (técnicos, maestros mayor de obra, mecánicos, carpinteros, ingenieros).

Después de 1955, los proyectos desarrollistas de Frondizi y luego de Onganía implican en muchos casos “modernización”, pero a la vez “racionalización” es decir reducción de puestos de trabajo, y por lo tanto un recrudecimiento de la conflictividad obrera: las huelgas ferroviarias de 1958 y 1961, la de 1966 en el puerto. La acción de los sindicatos, en esos años, es además, una de las formas de la resistencia peronista.



Flexibilización laboral, precarización, desocupación, cuentapropismo en tiempos neoliberales (1975 – 2024)

 Los planes económicos neoliberales aplicados a mediados de la década del 70 implicaron el cierre de fuentes de trabajo, la supresión de derechos laborales, y el disciplinamiento, represión e incluso desaparición de trabajadores. (como Heinrich y Loyola en la huelga de obreros gráficos de La Nueva Provincia).

 La política de privatizaciones, esbozada tímidamente por el gobierno radical y llevada a cabo por el menemismo tuvo como consecuencia la reducción de personal en muchas reparticiones y empresas estatales: en Bahía Blanca, entre jubilaciones anticipadas, retiros voluntarios y despidos, se pierden 4000 puestos de trabajo. Muchos técnicos y obreros especializados se vuelven kioskeros, remiseros y serenos.

La flexibilización laboral y el debilitamiento de las estructuras sindicales, generaron un aumento de la desocupación. Desde entonces se han vuelto cada vez más común el trabajo en negro, los contratos precarios, el cuentapropismo, los monotributistas…