MUSEO HISTORICO MUNICIPAL
Por Antonio Crespi Valls
Una lluvia caída durante la noche hizo que mi amigo, el afortunado
turista que tan mal rato me hizo pasar al no poder mostrar el mar bahiense por
ninguna parte, tuviera que postergar por un dia su salida en dirección a los
lagos del sur.
En consecuencia, continué sirviéndole de guía una jornada más.
Al presentarme al hotel, por la mañana me recibió con esta propuesta:
-
Si, naturalmente. La historia de nuestra ciudad
es altamente interesante. Cuando el indígena y el desierto dominaban el sur….
-
Veo amigo mío que usted se confunde o intenta
confundirme. YO no me refería a lo interesante de la historia local que conozco
bien, sino a lo importante de su Museo Histórico. ¿O resultara también que Bahía
Blanca carece de Museo?
-
Mire… le diré. En repetidas ocasiones algunos
amantes de nuestro pasado han intentado hacer, y hasta aprobaron ciertas
disposiciones comunales que refiriéndose al museo histórico establecían la
urgencia de su inmediata creación. Se presentaron trabajos preliminares ya la
postre resulto que….
-
No siga, me imagino el resto. Es el mismo caso
del balneario marítimo. Cuarenta años hablando de su instalación y la gente
continua bañándose bajo la ducha casera.
-
No tanto… Usted gusta de exagerar nuestra
pasividad.
-
Tómelo a broma. Pero si tan orgullosos están
ustedes de la heroica historia de Bahía Blanca, ¿por qué dejan que se pierda o
se ignore en el olvido? ¿Qué cosa creen ustedes que es la historia de un
pueblo, de un pueblo que la tiene, naturalmente?
-
¡Hombre! Pues cualquiera lo sabe. La historia es
eso, precisamente, historia.
-
Mas claro agua… La historia, amigo mío es el
punto de partida del pasado que alimenta el presente y se proyecta al porvenir.
Así como las personas no pueden existir sin genealogía, tampoco los
acontecimientos y mutaciones de los pueblos tienen debida y ordenada
explicación si no se correlacionan entre sí a través del tiempo.
-
Lo entiendo a medias. Me resulta un tanto
filosófica la explicación y debo confesarle que en cuestiones filosóficas soy
un lego.
-
No importa. Entenderá mejor si le digo que los
pueblos no pueden tener personalidad ni características definidas si dejan de
beber el agua de la primitiva fuente que les dio origen.
-
Empiezo a comprender algo.
-
Borrando e la memoria de las generaciones que se
suceden los hechos básicos que constituye el acervo de su historia, es igual a
sostener el imposible de que puedan existir hijos sin que antes hubiera padres.
Me explico.
-
[…]
-
Cuidado amigo, no vaya a caer en el error de
pensar, como muchos, que un museo es solo privativo de un grupo de iniciados y
elegidos, a quienes el vulgo llama “chiflados por las cosas viejas”. Tampoco esas cosas viejas deben ser una
colección de reliquias empolvadas, frías, mudas, sin alma. Un museo es un lugar
en donde las cosas muertas viven eternamente. Y si un museo no es
esencialmente popular, del pueblo y para él, deja de cumplir su trascendental
misión de cultura social.
-
Les sucede lo mismo que a ciertas bibliotecas,
muy ricas y nutridas de libros, pero escasas o nulas de lectores.
-
Dice usted bien. Los museos históricos están
destinados a guardar y transmitir a la posteridad, junto con la materialidad de
los objetos, el espíritu de la época en que fueron concebidos y
ejecutados. Vale decir que ante la contemplación de algo que fue y ya no
es, el espíritu curioso del hombre debe retroceder en el tiempo, regresar a la
realidad del ayer para saturarse así de las diferentes etapas de la evolución
en la marcha ascendente de las colectividades.
-
El que no acuda a los museos con esta intención
se aburrirá soberanamente en ellos y aun las mayores maravillas le parecerán
trastos inútiles.
-
Muy posible, pero nosotros los turistas,
buscamos en los museos populares, más que en los libros, la historia vivida de
los pueblos. Es por eso que todo viajero inteligente, todo turista que no sea
un mero devorador de distancias y tragador de leguas, al detenerse en los
pueblos se lleva de ellos las características de su valor social.
-
Entonces, de acuerdo a su pensar, cada ciudad y
región debe tener su Museo peculiar y genuino.
-
Exactamente.
-
¿Y qué peculiaridad destacada le asigna usted a
Bahía Blanca?
-
Una que nadie puede discutirle y que ha
contribuido de manera eficaz y positiva a la formación de nuestra nacionalidad.
-
¿Cuál es?
-
Observe usted que la mayoría de los museos
históricos de la capital de la república, del centro y del litoral están llenos
de objetos pertenecientes a nuestra época colonial, la lucha por la
independencia y a la constitución política argentina, lograda a través de
guerras civiles, montoneras, pujas caudillistas de predominio,
pronunciamientos, revoluciones.
-
Como en la generalidad de los museos. Lo que más
se recuerda son las guerras.
-
Bien, pero por lo mismo, el Bahía Blanca puede y
debe ser distinto, exclusivo, típico. Porque aquí, en las soledades del sur, no
repercutió para nada el angustioso proceso de la estructuración política
argentina. En la misteriosa Patagonia y en la ignota Pampa no cabían la
especulación política cuando estaba en juego algo más fundamental: la
existencia misma del hombre. Aquí el problema argentino no consistía en elegir
entre el sistema monárquico o el republicano, entre un gobierno unitario o
federal. Era mucho más simple y perentorio. O el hombre civilizado desalojaba
de grado o por la fuerza, al bárbaro, o éste aniquilaba a aquel. El encuentro,
el choque no era de ideas sino de épocas. Pasar de la vida nómada del indígena
a la gregaria del hacendado y campesino resultaba más difícil que derrumbar un
poder para sustituirlo por otro.
-
Entonces nosotros aquí, debemos mostrar al
viajero ya nuestros niños, en toda su crudeza y grandiosidad, la epopeya de la
conquista y colonización de la tierra pampeana y patagónica, ¿no es así?
-
Si, así es. Y le aseguro que entonces Bahía Blanca
podría ostentar un museo Histórico casi único. Ningún otro pueblo con justicia,
puede discutirle la persistencia en la cruenta lucha de la civilización contra
la barbarie. Aquí en definitiva se ganó la tranquilidad de la vida en el campo
argentino. Desde aquí hacia el sur y el oeste se ampliaron las fronteras del
país. Aquí se cimentó, al amparo de las endebles pero aguerridas guardias, la
ganadería y la agricultura.
-
Eso es verdad conocida.
-
Si la vanguardia de la civilización fue la
provincia de Buenos Aires, la avanzada de la provincia fue el sur y el
adelantado del sur la fortaleza Protectora Argentina: Bahía Blanca. Reúnan
ustedes en un museo histórico las cosas y el espíritu de aquella época de brega
y dolor, de tenacidad y labor, y habrán hecho un museo sin parangón en el país.
-
Tiene usted razón. Por venir de afuera tiene
usted una perspectiva de la historia bahiense y sureña más amplia que la
nuestra. Acaso sus ideas no tarden en convertirse en una alentadora realidad.
-
Por eso le hablé del Museo Histórico de Bahía
Blanca. Sé que nuevamente se agita la idea de crearlo. Con el patrocinio, como
corresponde, de la Municipalidad. Si los bahienses se dan perfecta cuenta de lo
que significa para la elevación de su cultura la creación dispuesta, la loable
iniciativa municipal puede convertirse en una obra de enorme significación y atracción
-
Así será, amigo mío. Porque aunque los bahienses
somos indolentes para las cuestiones del espíritu y se nos tilda de dormilones,
cuando despertamos, trabajamos de veras.
-
Espero que esta vez despierten a tiempo para que
no transcurran otros cuarenta años pensando la forma de construir el Museo…

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