sábado, 26 de octubre de 2024

¿En el confín del mundo o en el centro del mapa?

 


Como una isla en el confín entre el océano y la pampa (1828-1880)

Hasta 1880, a Bahía Blanca, se podía llegar por tierra o por mar.

Por tierra, a caballo, en carreta, o a pie.

Las carretas -o galeras-, que servían para el transporte de personas y mercancías, marchaban en convoy a través de la pampa virgen, sin cultivos, ni alambrados ni arboledas, siguiendo las rastrilladas de los indígenas, con la guía de un baqueano, que conocía el terreno como la palma de la su mano y sabía perfectamente por dónde ir y, sobre todo, qué esquivar y donde detenerse.

Pero lo más seguro y lo más rápido era el mar. Desde la fundación, en 1828 y hasta 1920, cada dos meses, barcos de cabotaje (veleros de fondo plano), navegaron regularmente entre Buenos Aires, Bahía Blanca y Patagones: primero Henry Jones con la sumaca La Luisa; luego, durante varios años, Bozzano y Plunkett, y más tarde los hermanos Mihanovich, con su compañía Marina Mercante. Llegó a haber incluso una empresa de navegación de cabotaje de capitales locales, la Lloyd Bahía Blanca.

Pero todas ellas fueron enviadas a la quiebra inclementemente por Mr. Coleman y la empresa Ferrocarril Sud. (Igual los navieros mucho no lloraron porque se fueron con sus buques a otras aguas).

 

 

Bahía Blanca, puerta y puerto

A partir de 1881, las líneas ferroviarias que convergen en la bahía, en los puertos de Ing. White y Galván, constituyen la vía de salida de la producción agrícola y ganadera de la región. Son, a la vez, el nodo a partir del cual se tienden las vías hacia el sur (hasta Patagones) y hacia el oeste (hasta Neuquén y Zapala) y la zona cuyana: Ferrocarril Sud, Ferrocarril Bahía Blanca Noroeste, luego en manos del Ferrocarril Buenos Aires al Pacífico (1890-1924); a partir de la nacionalización en 1948, EFEA y luego Ferrocarriles Argentinos hasta 1993; y las concesionarias privadas FerroSur y Ferro Expreso Pampeano.

En1946, el puerto pasó a la jurisdicción del gobierno provincial y desde su privatización hasta el presente, es administrado por el Consorcio de Gestión que maneja el muelle de cargas generales y las grandes firmas privadas vinculadas a la exportación de productos agrícolas y derivados de la industria petroquímica.

Desde la época de los ingleses hasta el día de hoy el movimiento ha sido siempre unidireccional, de salida, un puerto exportador.



 

 

 

 

 

 

Todos los caminos conducen a Bahía Blanca

A partir de 1930 con la diversificación del transporte terrestre (camiones y colectivos de larga distancia) Bahía Blanca se convierte en un importante punto de convergencia de varias rutas nacionales:

la ruta 3, desde Buenos Aires y hacia el sur, hacia la Patagonia,

la ruta 33, hacia el oeste de la provincia de Buenos Aires,

la ruta 35, hacia La Pampa y la región cuyana.

Lo mismo sucede con el transporte aéreo. La ruta hacia la Patagonia de la línea Aeroposta Argentina tuvo desde 1933 una de sus escalas en Bahía Blanca, en Grünbein. Y desde la inauguración de la aerostación civil Espora en 1971, Bahía Blanca tiene la posibilidad de conectarse con diversas ciudades del país.

En las últimas décadas, Bahía Blanca se ha convertido en una encrucijada de cables y caños:

-       Sistema eléctrico interconectado gracias a la Central termoeléctrica inaugurada en 1980 y, en los últimos años, a los parques eólicos.

-       Punto de confluencia de gasoductos y oleoductos troncales provenientes de las cuencas austral y neuquina. 

¿Comercio, turismo?

¿Ciudad de paso?

¿o capital a mitad de camino?

¿En el ombligo del mapa

o en culo del mundo?



La transformación del medioambiente

Del cangrejal vivo, a los muelles hincados en el lecho rocoso de la bahía,

del resplandor de la sal viva en la arena al brillo del fósforo de venteo en el horizonte;

del bosque de leña que vio Parchappe, a los pinares y eucaliptos que suelen caerse con los vendavales;

de los traicioneros bancos de arena en la entrada al puerto, a los canales que las dragas vuelven cada vez más profundos.

Las islas del estuario (reservorio de leña: piquillín, chañar, refugio de bandidos): a la vista, pero olvidadas, ignoradas.

Pero hay un humedal que pulsa, con el respiro del agua de las mareas que suben y bajan, silenciosas, inmensas, por entre el limo, las laberínticas cuevas de los cangrejos y la arena, un corazón que resiste, fuerte, frente al embate de los vientos.

 

La historia de Bahía Blanca es también la historia de la relación entre la ciudad y el territorio que le da nombre.

¿Por qué Bahía Blanca se recuesta en las márgenes del arroyo Napostá y no sobre el mar?

Es verdad que los cangrejales resultaron siempre poco practicables. Pero, además, desde la llegada del ferrocarril, una fortaleza hecha de terraplenes, baldíos, rieles de acero y durmientes de quebracho, fue construida para preservar la costa de aquellos que no tuvieran que ver con el puerto y su funcionamiento. El arroyo, en cambio, ha ofrecido siempre sus dos amplios senos contrapuestos, en forma de s. Y la ciudad, las diferentes Bahía Blancas en realidad, se han ido cobijando, y creciendo, en cada uno de ellos.

Hacia 1840, unos cuantos estacones clavados en la desembocadura del Napostá indicaban el camino a seguirse para arribar a la costa, un cangrejal vivo, que ofrecía a los intrépidos navegantes el peligro de hundirse en él, mayor que los del mismo mar que acaban de superar. (LNP, 1-1-1921, p.6)

 

 

 

 

Como una isla en el confín

 

 

Puerta y puerto

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Todos los caminos conducen a bahía blanca

 

 

 

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