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Como una isla en el confín
entre el océano y la pampa (1828-1880) Hasta 1880, a Bahía Blanca,
se podía llegar por tierra o por mar. Por tierra, a caballo, en
carreta, o a pie. Las carretas -o galeras-,
que servían para el transporte de personas y mercancías, marchaban en convoy
a través de la pampa virgen, sin cultivos, ni alambrados ni arboledas,
siguiendo las rastrilladas de los indígenas, con la guía de un baqueano, que
conocía el terreno como la palma de la su mano y sabía perfectamente por
dónde ir y, sobre todo, qué esquivar y donde detenerse. Pero lo más seguro y lo más
rápido era el mar. Desde la fundación, en 1828 y hasta 1920, cada dos meses,
barcos de cabotaje (veleros de fondo plano), navegaron regularmente entre
Buenos Aires, Bahía Blanca y Patagones: primero Henry Jones con la sumaca La
Luisa; luego, durante varios años, Bozzano y Plunkett, y más tarde los
hermanos Mihanovich, con su compañía Marina Mercante. Llegó a haber incluso
una empresa de navegación de cabotaje de capitales locales, la Lloyd Bahía
Blanca. Pero todas ellas fueron
enviadas a la quiebra inclementemente por Mr. Coleman y la empresa
Ferrocarril Sud. (Igual
los navieros mucho no lloraron porque se fueron con sus buques a otras aguas). |
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Bahía Blanca, puerta y
puerto A partir de 1881, las
líneas ferroviarias que convergen en la bahía, en los puertos de Ing. White y
Galván, constituyen la vía de salida de la producción agrícola y ganadera de
la región. Son, a la vez, el nodo a partir del cual se tienden las vías hacia
el sur (hasta Patagones) y hacia el oeste (hasta Neuquén y Zapala) y la zona
cuyana: Ferrocarril Sud, Ferrocarril Bahía Blanca Noroeste, luego en manos
del Ferrocarril Buenos Aires al Pacífico (1890-1924); a partir de la
nacionalización en 1948, EFEA y luego Ferrocarriles Argentinos hasta 1993; y
las concesionarias privadas FerroSur y Ferro Expreso Pampeano. En1946, el puerto pasó a la
jurisdicción del gobierno provincial y desde su privatización hasta el
presente, es administrado por el Consorcio de Gestión que maneja el muelle de
cargas generales y las grandes firmas privadas vinculadas a la exportación de
productos agrícolas y derivados de la industria petroquímica. Desde
la época de los ingleses hasta el día de hoy el movimiento ha sido siempre unidireccional,
de salida, un puerto exportador. |
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Todos los caminos conducen
a Bahía Blanca A partir de 1930 con la
diversificación del transporte terrestre (camiones y colectivos de larga
distancia) Bahía Blanca se convierte en un importante punto de convergencia
de varias rutas nacionales: la ruta 3, desde Buenos Aires
y hacia el sur, hacia la Patagonia, la ruta 33, hacia el oeste
de la provincia de Buenos Aires, la ruta 35, hacia La Pampa
y la región cuyana. Lo mismo sucede con el
transporte aéreo. La ruta hacia la Patagonia de la línea Aeroposta Argentina
tuvo desde 1933 una de sus escalas en Bahía Blanca, en Grünbein. Y desde la
inauguración de la aerostación civil Espora en 1971, Bahía Blanca tiene la
posibilidad de conectarse con diversas ciudades del país. En las últimas décadas, Bahía
Blanca se ha convertido en una encrucijada de cables y caños: - Sistema
eléctrico interconectado gracias a la Central termoeléctrica inaugurada en
1980 y, en los últimos años, a los parques eólicos. - Punto
de confluencia de gasoductos y oleoductos troncales provenientes de las
cuencas austral y neuquina. ¿Comercio,
turismo? ¿Ciudad
de paso? ¿o
capital a mitad de camino? ¿En
el ombligo del mapa o en
culo del mundo? |
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La transformación del
medioambiente Del cangrejal vivo, a los
muelles hincados en el lecho rocoso de la bahía, del resplandor de la sal
viva en la arena al brillo del fósforo de venteo en el horizonte; del bosque de leña que vio
Parchappe, a los pinares y eucaliptos que suelen caerse con los vendavales; de los traicioneros bancos
de arena en la entrada al puerto, a los canales que las dragas vuelven cada
vez más profundos. Las islas del estuario
(reservorio de leña: piquillín, chañar, refugio de bandidos): a la vista,
pero olvidadas, ignoradas. Pero hay un humedal que
pulsa, con el respiro del agua de las mareas que suben y bajan, silenciosas,
inmensas, por entre el limo, las laberínticas cuevas de los cangrejos y la
arena, un corazón que resiste, fuerte, frente al embate de los vientos. |
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La
historia de Bahía Blanca es también la historia de la relación entre la ciudad
y el territorio que le da nombre. ¿Por
qué Bahía Blanca se recuesta en las márgenes del arroyo Napostá y no sobre el
mar? Es
verdad que los cangrejales resultaron siempre poco practicables. Pero,
además, desde la llegada del ferrocarril, una fortaleza hecha de terraplenes,
baldíos, rieles de acero y durmientes de quebracho, fue construida para
preservar la costa de aquellos que no tuvieran que ver con el puerto y su
funcionamiento. El arroyo, en cambio, ha ofrecido siempre sus dos amplios
senos contrapuestos, en forma de s. Y la ciudad, las diferentes Bahía Blancas
en realidad, se han ido cobijando, y creciendo, en cada uno de ellos. |
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Hacia 1840, unos cuantos estacones clavados en la desembocadura del
Napostá indicaban el camino a seguirse para arribar a la costa, un cangrejal
vivo, que ofrecía a los intrépidos navegantes el peligro de hundirse en él,
mayor que los del mismo mar que acaban de superar. (LNP, 1-1-1921,
p.6) |
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Como una isla en el confín
Puerta y puerto
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Todos los caminos conducen a
bahía blanca
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